jueves, 3 de septiembre de 2009
jueves, 20 de noviembre de 2008
Ultimo día en Nippon
Retrasado voy. Pero lo prometido es deuda. Jueves, mi último día en Japón. Que estress, cuanto me falta por ver, por experimentar y comprender, por sentir oler y percibir. Procuro calmarme y disfrutar sin prisas pero sin pausa.




Hoy toca mi segundo museo. El museo de Edo-Tokyo. Un edificio singular para un Tokyo postmoderno, que alberga unas estancias que nos conducirán desde el nacimiento y desarrollo de la capital imperial Edo a la reconvertida y occidental Tokyo. Moderno y de alguna forma interactivo, nos muestra como se vivía en esta capital a lo largo de la historia. Muy ameno, con unos dioramas de varios barrios y palacios con un nivel de detalle impresionante. Reproducción a tamaño natural de las casas tradicionales (conocidas como flores de Edo, por o efímeras que eran ante los repetidos incendios. A pesar de haber vivido anclados en la edad media hasta el siglo XIX, la antigua Tokyo albergaba 1 millón de habitantes! Desde antiguo, debieron ya resolver muchos problemas urbanisticos, como por ejemplo el acceso y distribución de agua potable.
Podemos ver el arte de la pesca, los mercados, la artesanía, las primeras librerías, los cuerpos de bomberos. El ocio con el kabuki, las marionetas, la ape
rtura de la era Meiji, el terrorífico terremoto de Kanto, la segunda guerra mundial o los dorados años 60 (Olimpiadas en Tokyo).
Queda patente como los japoneses se acuerdan de la devastación de la segunda guerra mundial, sin un rencor claro, pero mostrando el sufrimiento y la matanza de la población civil, que al igual que en Guernika, no había conocido el terror de un bombardeo. La desolación no de las bombas ni de los combates, sino del fuego, que arrasó gran parte de la ciudad.
Que gracia ver a los escolares recorrer el museo en grupitos, rellenando sus cuestionarios con esa caligrafía endemoniada. Un detalle que me sorprendió gratamente. A la entrada se ofrecen los servicios de guías gratuitos en varios idiomas, incluido el castellano. Jubilados que siguen participando y colaborando en la sociedad civil.
Este museo se ubica junto a la estación de Ryogoku, del otro lado del río sumida. Junto a él se encuentra el famoso estadio de sumo Ryogoku Kokugikan. Estamos en temporada de torneos y no se puede entrar. Sin embargo se puede visitar gratuitamente una pequeña sala que albergua el museo Sumo, una curiosidad donde poder contemplar los trajes tradiciones, las fotos de los mozetones y como no, shopping.
Por la zona se encuentran varios beyas (gimnasios) pero no tengo ocasión de visitarlo. Como es de costumbre, me encuentro esondido un pequeño parque con su estanque, donde recupero fuerzas con un bento entre pecho y espalda. Van pasando las horas y me decido a visitar mi último barrio de Tokyo; Libadashi. Este barrio de callejuelas empinadas que intenta preservar un ambiente separado de la urbe, es recomendado por la guía Lonely Planets. Se encuentra tras el río Kanda, que antiguamente separaba el Edo imperial intramuros de los barrios exteriores. tiendas de artesanía, hermosos kimonos y como no, sitios para comer. Un par de templos entre los edificios, zigzagueando entre las callejuelas, muchos restaurantes franceses y tiendas de delicatessen. Un barrio majete y tranquilo. Recomendado para traerse alguna amiga y perderse entre los pequeños y coquetos restaurantes de todo tipo.
Ya de vuelta, con la noche a cuestas, paso por el Tokyo Dome, el estadio de béisbol de Tokyo, con el centro comercial y un parque de atracciones cuya montaña rusa se apoya en los edificios! No hace falta decir que aquí el deporte rey es el béisbol.
Como es mi último día, me regalo unos buenos bentos de sushi, no en un seven sino en una tienda mas apañada, que riego con una lata de asahi de 500ml, hay que dormir bien esta noche!
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Ueno
Ya queda menos por estas tierras. Que rápido pasa el tiempo, y aún que me queda mucho por ver y experimentar.



Tengo pendiente, y no puedo marchar sin verlos, dos muse
os aquí en Tokyo. El museo Nacional en Ueno y el museo Edo-Tokyo en Ryogoku. Hoy parto con el plan de visitar el parque de Ueno, en el norte de Tokyo y ver allí el museo nacional.
Ueno, un parque tipo occidental con dos pequeños templos ocultos entre los árboles. Desde la estación de Ueno subimos al parque, donde nos tropezamos casi de bruces con la estatua de Saigo Takamori, el último samurai. Aqui los samurais son recordados como una encarnación romántica de los valores japoneses, casi llegan a etiquetar una época de "samurai", como si antes todos fuesen samurais. Pero nada que ver claro con nuestra imagen folclórica.
Me encantan esos pequeños templos escondidos entre la "maleza", tranquilos y sin pretensiones. Encuentro un conjunto de pequeños edificios
dedicados al dios zorro, supongo pues que nada de Buda, más bien Shinto.
Si seguimos al fondo nos encontramos con unas de las joyas de
los templos, Tosho-gu. Podemos acceder a un patio interior, donde se encuentra una pequeña colección de Big linternas ceremoniales de bronce. El interior del templo está cerrado al público. dato curioso, una piedra con una paloma de la paz en acero incrustada, que contiene una llama encendida con la llama original de Hiroshima. Una placa que nos recuerda la locura de la carrera armamentística atómica.. que solo tiene un fin, común a todos. Un texto adjunto me llaa la atención. La historia de la llama nace del odio, del resentimiento. Un vecino de Hiroshima guardó esta llamaque permanecía en el escenario de la
casa de su familia para perpetuar su odio contra los invasores. Con el tiempo, el testigo fue recogido y se convirtó en un simbolo de paz, de lo que no puede volver a suceder. Irónicamente
, ni hace falta. Con algo más banal como el agente amarillo en Vietnam, se puede destrozar el futuro de la generación venidera (deformaciones, cancer, etc..)
Más allá entramos en la zona museística. Museo de arte occidental, museo de la cienca, zoo, museo de arte moderno, etc.. Arte en la calle. Que bueno..

Finamente acabo la mañana en el museo nacional, 600Y pero vale la pena Realmente es un conjunto de edificios, cada uno con su especialidad (museo nacional, arte asiático, etc..). Me queda tiempo solo para ver el edificio principal. Un largo paseo por sus estancias; recorrido por el arte búdico y ver como desde la India llega a Japón, adquiriendo Buda las facciones de cada uno de los pueblos por los que pasa (en los comienzos las figuras humanas estaban prohibidas). Recorrido por las pinturas zen, Ukiyo-e, la evolución de los estilos de escritura, esos hermosos kimonos de la corte y una pequeña sala dedicada a los pueblos del norte (Ainu en hokaido, existen!). Hay un folleto en español!!
Me deleito con un paseo por el jardín trasero y un vistazo a una típica casa japonesa para la ceremonia del té, impresionante.
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